miércoles, 25 de marzo de 2009

Los incomprendidos de siempre

Y la historia la hacen las mayorías (que gozan del conocimiento del idioma menos agramatical y no sufrieron las suertes de la evolución). Y las minorías, son tildadas de elitistas (y hasta de una vasta y curiosa gama de "anti's"), locas en el mejor de los casos. Exóticas en el peor. Poco viriles en alguno inclasificable (y poco probable).

No. En esta entrada no voy a hablar de las bondades del paréntesis y su finalidad lúdica (Los paréntesis son lo más, y se acabó), más allá del uso exhaustivo de ellos, que es modismo pero linda con el desorden psicótico gramatical. (Tal vez) Hablo de algún montón de cosas sin sentido, pero me enfoco justamente en las minorías, y en su contrapartida y re-contrallegada, las mayorías, que en esta historia jugarían el importante papel del hipócrita y verborrágico de turno (Y no hablo de mi). Porque a pesar de las esporádicas manifestaciones de aprecio a estos personajes que perdieron, el triunfalismo les cabó una fosa, borroneó con bronca y tinta azul sus párrafos que eran y enseñaban.

En Hamlet hay mucha tela para cortar, y muchas piezas cerebrales que desmembrar. El mismo protagonista, que ve gente muerta, sufre tal vez de megalomanía y habla de suicidios e intransigencias precoces, es un gran incomprendido. Si no es El incomprendido. El príncipe Hamlet presenta una fachada grotesca, desentendida y oscura, porque Claudio y toda la estirpe de mitómanos compulsivos consumieron todos los haces luminosos que podían refrescarlo con ese fulgor frío y cálido a la vez. Pero esa oscuridad primeriza y fundamental, lo hace desembarcar en otra luminosidad pura y más nueva. La de la locura. Porque la locura es la verdadera lucidez en la sociedad. Y la locura es incomprensión, y es también ver más allá de los muros. Si. Gracias. También estoy loco. Hamlet alcanza el nirvana mental, que es la corrupción de su entramado artificial, para la incorporación de otro más nuevo que goza de partes más finas y justas. La locura de Hamlet es divina. La locura es divina. Con ella, su pensamiento se ilumina (y más allá del engullimiento de algún comestible en mal estado) y alcanza la nueva cosmovisión. Ya los desequilibrios del macrocosmos no lo afectan, porque su entorno cultural no lo afecta.

Y tal vez la mayor estafa a la cordura se da en Ofelia. Es el personaje femenino más tierno, regresivo y lúcido (y floricultor también) de la literatura universal. Ofelia alcanza este nirvana inmaculado tras la muerte de su padre (aquel sátiro, aquella esponja obsesa) y el desengaño amoroso con Hamlet. Ofelia se desvela en un estado de pulcritud y perfección. Y es también ese estado el que le vale la muerte (¿El suicidio?).

La madre Rusia engendra siglos más tarde a Raskolnikov. "Crimen y Castigo", más allá de ser la novela de mayor vuelo psicológico (o una de ellas), de tratar tópicos sociales que se engendran en las mentes más pueriles, más intensas y más interesantes (pero también más comunes), y problemas filosóficos existenciales, presenta el choque nuevo y distinto del mandato divino, del objetivo trascendente contra la trama social predefinida, las reglas morales y jurídicas, lo meramente artificial. No importa que el antecedente más antecesor de Nietszche se vea impulsado por ideales (correcto o incorrecto, no viene al caso) superiores (¿ciertos o no? Quién sabe), la sociedad más ordinaria, más común se ve dispuesto a detenerlo. Ni los entes, ni el demiurgo que con su máquina estrambótica controla el principio de razón suficiente al ritmo de una sirena pueden salvar a este personaje que hacia el final de la novela se encuentra incómodo en su piel. Raskolnikov está loco, si. O no es muy normal.

Y el emblema de la locura universal, el paradigma de la defensa de los débiles. Don quijote de la mancha, Alfonso Quijana, si señor. No hace falta aclarar que su locura era clínica. Sus ideales nobles, más allá de cualquier trasfondo ideológico. Incomprendido de siempre. Denostado al cien por ciento, alimentó las arcas del INDEX, sin lugar a dudas. Alfonso Quijana es un luchador, al costado de aquel camino de la vida, absorto en sus cavilaciones mentales, esa mente que era realidad, al mejor estilo Kantiano. Ese tambaleo entre lo real y lo virtual.

Y es emblema. Y es dogma. Porque a veces, es posible luchar contra molinos de viento. Y tal vez comprender que estos personajes noe xistieron en realidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"Porque la locura es la verdadera lucidez en la sociedad. Y la locura es incomprensión, y es también ver más allá de los muros."

Y la locura es incomprensión. Y si bien esos personajes productos de la mejor literatura universal no existieron en la realidad, cualquiera que se atreva hoy en día a ver más allá de los muros sabrá de qué estamos hablando cuando decimos incomprensión, sabrá cómo es sentirse diferente y sin embargo seguir adelante con sus pensamientos.

Pero no todos eran literatura. Nietzsche era bien real, estaba loco y era brillante, quizás haya sido la persona que más tuvo los pies sobre la tierra.

valeria dijo...

(La de arriba soy yo logueada con un blog que ya no uso)