
Ser realista es gratificante, admirable. Acudir a la lógica y al realismo para salvaguardarse de ciertas fallas del sistema de la vida, es práctico, útil. Lo que no permite escabullirse, a cierto halo de futilidad.Fantasear lo es mucho más. Y si a ello le sumamos cierta cuota de coherencia estrafalariamente rica, arribamos al cénit del vuelo mental, a un éxtasis literario, un viaje dantesco.
Eso es Borges, fantasía y realidad. La puja intrincada. La decepción de una realidad, frente a las maravillas de una oda a la coherencia ilógica.Borges es poesía en prosa. Es un cuervo de aquellas historias árabes olvidadas que tanto cautivan, y que surgen de su propia invención, pero nos conduce a engañarnos a nosotros mismos, y elevarlo a grado de historiador. Cronista de Tlon, testigo de la muerte de un inmortal, prófugo de la tranquilidad mental, buscador de la otra cara del zahir.
Es una forma inconexa, pero que atrae, que pierde. Una Biblioteca de Babel, que no es más que un preludio de la sombra que abruma a una Ciudad de Buenos Aires, castigada por un populismo ensordecedor, sombra de un cuadro de Norah al atardecer, o de una charla que Acevedo.Es una burla a Daneri.
Una confesión de amor que no es más que una mentira, a Beatriz, guía espiritual, que se quedó dormida, y se olvidó de la cita que había propuesto, del viaje místico que a Jorge le habían prometido. Es la locura de Ema Zunz, y su amague no cesa y es histeria.Un canto al Quijote. La elevación de Pierre Menard.
Una hoja que se sume en sombras a lo largo de un camino, una ceguera que atropella la rebeldía, pero mantiene intacta la búsqueda. El elogio de esa sombra, de ese don que se asemeja a un infierno sin llamas, sublevado, bajo su propio control. Con un látigo en su mano derecha, sin evitar infringirse un dolor que conserva un gusto helado.Es musa y poeta. Es Hamlet y Claudio. Una espera trascendente, sembrada de intermitencias y caídas. La confusión de los planos de la realidad, es el pasado igual al futuro, un encuentro cercano con todos nuestros otros, que nos son propios.
Es Borges.
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